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“La Montaña Invisible”, la más bella saga de Carolina de Robertis
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Por
Ramón Lorenzo Perelló.
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WORCESTER, MA. - “La Montaña Invisible” es la primera novela que escribe y publica Carolina de Robertis, brillante escritora que creció en el seno de una familia uruguaya, la cual emigró a Inglaterra, trasladándose luego a Suiza y más tarde a California, donde se ha radicado definitivamente, laborando en no ficciones y traducciones literarias que han aparecido en ColorLines, The Virginia Quarterly Review y Zoetrope All-Story, entre varias otras publicaciones norteamericanas.
Un brillante trabajo como traductora fue trasegar del idioma castellano al inglés la novela contemporánea titulada Bonsái, de Alejandro Zambra, y que fué publicada en el 2008.
“La Montaña Invisible” comienza al narrarse la historia de una niña que se había perdido, y que se llamaba Pajarita.
El suceso tiene como escenario un pequeño pueblo afincado en lo más profundo del campo uruguayo, y acontece el primer día del siglo XX.
Todos los residentes del poblado se reunen para ver el milagro de la reaparición de Pajarita, lo que provoca un alegre y embrujador acontecimiento.
Pero el extraordinario suceso no se detiene allí, pues años después Pajarita comenzará una estirpe indómita e independiente, tres generaciones de mujeres que lucharán afanosa y valerosamente por crearse una vida propia en su querida Uruguay, una patria que nutre sus almas, a la vez que a la vez que pone a prueba la indómita calidad de sus espíritus, como el de su hija Eva, una frágil pero ferozmente obcecada belleza dedicida a ser poeta, y que sabrá sobreponerse a una desgarradora traición para seguir un camino poco convencional.
Y el de la hija de Eva, llamada Salomé, que despertará tanto a la sensualidad como al compromiso político de los turbulentos años del sesenta, cuando la insurgencia comunista que inspiraba el grupo rebelde denominado Los Montoneros sacudía todo el escenario político uruguayo.
“La Montaña Invisible” constituye una mordaz celebración del poder del amor familiar, de la voluntad de supervivencia en las circunstancias más trágicas, y, sobre todo, del intenso vínculo prevaleciente entre madres e hijas.
Iniciar la lectura de “la Montaña Invisible” constituye un felíz acontecimiento, que comienza con la lectura de la primera página, y solo puede terminarse cuando su lectura concluye con la palabra “Fin”.
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